En noviembre de 2023 el Instituto Vasco de Criminología organizó en la Universidad del País Vasco una jornada centrada en la justicia restaurativa1. En una de las mesas redondas participaban víctimas de organizaciones terroristas, desde ETA al IRA o Al Qaeda. Entre otras, estaba una muchacha víctima del atentado yihadista del 22 de marzo de 2016 en Bruselas. Ella se encontraba en el metro cuando estalló la bomba de la estación de Maelbeek que provocó la muerte a 20 personas. Entre otras cuestiones, hizo hincapié en la deshumanización a la que se veían sometidas las víctimas por culpa de este tipo de ataques indiscriminados: cualquiera está entre sus objetivos, todos pueden sentir miedo y dejan de ser personas para convertirse en números. Fue especialmente emocionante el momento en que declaró no querer ser como ellos, no deshumanizarlos, no convertirlos en monstruos sino en personas que habían cometido una maldad, aunque en este caso hubiera sido contra ella misma.
En cierta manera, este episodio recuerda a la conocida teoría de la filósofa Hannah Arendt sobre la banalidad del mal. La escritora defendió esta idea en su obra Eichmann en Jerusalén, publicada en 1963: el mal extremo no tiene por qué ser consecuencia de individuos monstruosos, basta que personas comunes renuncien a pensar de manera crítica para únicamente cumplir órdenes y seguir reglas sin preguntarse por la maldad o la bondad de estas. En palabras de Arendt: «Lo más grave, en el caso de Eichmann, era precisamente que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales»2. Arendt criticó la pasividad de la sociedad alemana ante el ascenso del nazismo, el antisemitismo y la persecución sistemática. Tal y como desarrolló esta filósofa –en esta y en obras posteriores–, parte fundamental del problema fue que muchos alemanes se adaptaron al régimen no solo por miedo, sino por comodidad, oportunidades profesionales, o porque aceptaron las reglas sin cuestionarlas.
Algo así podríamos decir que ha ocurrido en el País Vasco, en Navarra y en España en general ante los crímenes de ETA. En el documental Relatos de plomo, producido por Navarra Televisión (y fruto de la publicación de los tres tomos de mismo nombre, coordinados por el periodista Javier Marrodán), el filósofo y profesor universitario Aurelio Arteta explica así la indiferencia social y el silencio ante ETA:
El mero hecho de que hubiera tanta regularidad en los atentados hace que acabe considerándose casi, casi una especie de paisaje, de parte del paisaje, quiero decir. Lo que es ordinario y se repite parece como que pierde dramatismo, la tragedia que esto indicaba [...]. En los años 70 habría que situar el arranque de ese larguísimo silencio, yo creo que no éramos demócratas, éramos simplemente antifranquistas. Y la gente sigue confundiendo antifranquismo con demócratas3.
Podría decirse que existe un consenso sobre la indiferencia a la que se vieron sometidas durante años las víctimas y, especialmente, durante la década de los ochenta y principios de los noventa. Como dice Reyes Mate, «tenían que privatizar su dolor y hacerse políticamente invisibles: el único momento público era precisamente el día de su entierro […]. Lo suyo era callar y desaparecer»4. La plataforma Gesto por la paz hizo sus primeras concentraciones silenciosas, llamadas gestos, en 19855. Para entonces ETA había asesinado a más de cuatrocientas personas.
Como explica la psicóloga Teresa Díaz Bada en el glosario audiovisual de las Víctimas del Terrorismo, iniciativa impulsada por el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y por la Fundación Fernando Buesa, el duelo es «la reacción emocional que se experimenta ante la pérdida de una persona. Es una pérdida universal que existe en todas las culturas, aunque se manifiesta de manera diferente»6.
En el caso de las víctimas del terrorismo ese duelo ha tenido que vivirse durante muchos años en silencio. Además, ante este tipo de asesinatos, que tienen una connotación política y vicaria, pues no son víctimas por ellos mismos sino por lo que representan, no debe haber solo un duelo personal o familiar, sino también uno social. Esto se debe a que el efecto del dolor trasciende la individualidad de cada persona y repercute en el conjunto de la sociedad. Si cada víctima necesita elaborar un proceso de duelo para afrontar las consecuencias físicas, psicológicas y emocionales del sufrimiento, en la medida en que ese dolor afecta al modo en que la sociedad se comporta y se relaciona, también puede hablarse legítimamente de un duelo social.
En el presente artículo nos centraremos en el duelo, es decir, en la manifestación pública de ese dolor, por parte de la comunidad universitaria ante el asesinato de personas relacionadas con la academia. Como señalaba el sociólogo Imanol Zubero, «la columna de la vergüenza, que hoy se eleva hasta los casi mil muertos de altura, ha sido construida víctima a víctima, sí; pero ha sido construida, también, indiferencia a indiferencia […]. [Como sociedad debemos] hacer memoria passionis. Sin apresurarnos. Porque aún no ha terminado el tiempo del duelo»7.
Dada la imposibilidad de abordar ese duelo social ante los asesinatos de todas las personas relacionadas con la universidad, en este caso se ha elegido una víctima por cada década en la que ETA estuvo matando desde que se fundó la Universidad del País Vasco/Euskal Herria Unibertsitatea (UPV/EHU, 1980) y hasta el final de la organización (2011). Se ha elegido al profesor Juan de Dios Doval Mateo, asesinado en el garaje de su casa el 31 de octubre de 1980; al profesor Francisco Tomás y Valiente, asesinado en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid el 14 de febrero de 1996; y al político socialista Fernando Buesa, que había sido consejero de Educación entre 1991 y 1994, y que fue víctima de un coche bomba colocado en las inmediaciones del campus de la Universidad del País Vasco en Vitoria el 22 de febrero del 2000.
Es decir, no se abordan en este estudio los casos, igualmente relevantes y dolorosos, del asesinato de Manuel Broseta en 1992, de Francisco Gómez Elósegui en 1997, de Ernest Lluch y de Luis Portero en el 2000 o de José María Lidón en 2001. O los atentados contra José Ramón Recalde en el 2000 o contra Eduardo Madina en 2002. Tampoco las numerosas bombas contra la Universidad de Navarra o la que no llegó a explotar en el ascensor de la facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV/EHU en el 2001, así como el caso de los numerosos profesores e intelectuales del País Vasco y de Navarra que tuvieron que exiliarse forzosamente por las amenazas y, en algunas ocasiones, atentados contra su vida.
La UPV/EHU abrió sus puertas en 1980. Hasta ese momento el País Vasco contaba con varias facultades, todas dependientes del distrito universitario de Valladolid. La violencia de ETA no se hizo esperar, no solo a través de amenazas, pasquines intimidantes y jornadas de lucha, sino también mediante el asesinato, cobrándose la primera víctima mortal relacionada con la universidad el 31 de octubre de 1980. Se trataba del profesor Juan de Dios Doval Mateo, doctor en Derecho y miembro de la Comisión Ejecutiva de la Unión de Centro Democrático (UCD) del País Vasco.
Doval era natural de Madrid, aunque residía en la capital donostiarra desde su niñez. Se había licenciado en Derecho en la Universidad de Valladolid en 1966 y había comenzado la carrera académica como profesor de Derecho Procesal en la Facultad de San Sebastián en el curso 1969-1970. Cuando nació la UPV/EHU se incorporó a esta de modo natural, pues ya formaba parte del profesorado de uno de los centros que se integraron en ella. Además, por aquel tiempo, se introdujo en la política a través de la UCD, según sus hijos, Ruth y Juan de Dios, «un absoluto demócrata» que se había declarado a favor de la amnistía de los presos de la dictadura franquista8.
El joven jurista se presentó como número dos por Guipúzcoa en las elecciones generales de marzo de 1979, pero ese año el partido consiguió un solo diputado en la provincia. Para ese momento ya era una circunscripción en la que se respiraba el miedo a ETA y, de hecho, la formación política no organizó mítines ni propaganda9.
Antes del 31 de octubre de 1980 eran varias las víctimas relacionadas con la UCD. Solo ese año habían matado a Jaime Arrese, el 23 de octubre; a José Ignacio Ustarán, el 29 de septiembre; al simpatizante Ramón Baglietto, el 12 de mayo; y habían herido de gravedad al militante José Larrañaga el 11 de abril10. Dos años antes, el 9 de diciembre de 1978, había sido asesinado Luis Candendo Pérez.
En cierta manera podría decirse que Doval conocía el peligro y la amenaza que se cernían sobre él por ser miembro de UCD. Su hijo menor, Juan de Dios, afirmaba en una entrevista reciente: «En aquellos días mi padre se escapaba de la universidad e iba a vernos al patio, a la hora del recreo, como si fuese la última vez»11.
Eran pocos minutos antes de las 9 de la mañana cuando se produjo el asesinato. Doval, que entonces tenía 37 años, se disponía precisamente a ir a la Facultad de Derecho para dar clase cuando, en el interior de su vehículo, un joven le disparó tres veces causándole la muerte prácticamente en el acto12. Su mujer, Emma, que se encontraba en casa con sus dos hijos, de cuatro y siete años, pudo asistirle en los últimos momentos.
ETApm reivindicó el atentado responsabilizando a UCD del «grave retroceso en el terreno de las libertades democráticas y el bloqueo del Estatuto» y acusando al partido («en común acuerdo con el PSOE»), y en concreto a Doval, de haberse servido del Batallón Vasco Español (BVE) «cuando las vías legales le resultan insuficientes»13.
El asesinato tuvo lugar en plenos «años de plomo»: un periodo en el que la organización terrorista, dividida entonces entre ETA militar y ETA político militar, fue especialmente sanguinaria. En concreto en 1980 fueron asesinadas 98 personas, es decir, que podría decirse que hubo un muerto cada tres días.
La muerte de Doval produjo un gran rechazo y una enorme movilización en contra, tanto por parte de la sociedad en general como de la comunidad universitaria en particular. Desde el punto de vista político, la sede de UCD en San Sebastián recibió numerosas muestras y llamadas de condolencia desde el primer momento y el Consejo de Ministros acordó que constase en el acta la condena por el asesinato. También se suspendieron los plenos, tanto el de la Diputación como el del Ayuntamiento de San Sebastián. Xabier Aizarna (PNV), el presidente de la Diputación, justificó la suspensión:
en señal de protesta y de condena por dos nuevas actuaciones de violencia que se han dado en Guipúzcoa, en las cuales ha fallecido uno de los políticos de un grupo que no tiene nada que ver con los que aquí están representados, pero precisamente para asegurar, para expresar, para recalcar una vez más nuestra convicción de que a nadie se le puede perseguir, ni mucho menos quitar la vida por sus ideas y por su trayectoria política14.
El alcalde de la ciudad (Jesús María Alkain, del PNV), por su parte, declaró también que era una señal de protesta y repitió parecidas palabras. También el portavoz del PNV en la Diputación, Joaquín Elósegui, tuvo unas palabras de repulsa y manifestó que su partido estaba a la espera de unirse a lo que se decidiera en Madrid y entre los dos principales partidos, la UCD y el PSOE. Este último propuso al pleno del Ayuntamiento sumarse a la condena y animar a los ciudadanos tanto a acudir al funeral como a una manifestación silenciosa bajo el lema: «Contra el terrorismo y por la paz». A esta iniciativa se sumaron el PNV, el PCE y la UCD, pero la propuesta no fue aprobada por la negativa de Herri Batasuna (HB), que declaró que se trataba de un acto hipócrita. Tampoco Euskadiko Ezkerra –vinculada todavía a ETApm, la autora del atentado– suscribió la convocatoria a la manifestación. Los plenos de otros ayuntamientos, como el de Fuenterrabía o Zarautz, también fueron suspendidos en señal de duelo y de condena15.
Por otro lado, si bien es cierto que los terroristas no habían tenido en cuenta que Doval era profesor universitario, buena parte de la UPV/EHU se sintió amenazada y atacada directamente. El mismo día del asesinato, la Facultad de Derecho decidió suspender las clases y toda actividad en el centro académico. Por parte de la Junta de Gobierno de la Universidad se asumió por unanimidad el manifiesto de esta Facultad y se celebró una junta extraordinaria presidida por el rector en funciones, Gonzalo Martín Guzmán, para condenar el atentado, «manifestando en nombre de la Universidad su profundo dolor por el atentado mortal sufrido por el compañero Dr. D. Juan de Dios Doval de Mateo, cuya pérdida en tan trágicas circunstancias nos afecta muy directamente a todos los que integramos la Universidad». Varios de los claustrales, según las notas de ese día, se sumaron al manifiesto hecho público por la Facultad de Derecho. En el documento, en el que se trataban tres puntos de condena, se decía: «La Universidad del País Vasco ha sido directamente afectada». Asimismo, se invitaba a la sociedad vasca a que se posicionara «enérgicamente frente a este nuevo crimen, cruento y gratuito que nos desacredita como pueblo, entre los países civilizados»16.
Los alumnos, tras la celebración de una asamblea, difundieron una nota en la que manifestaban su «absoluta repulsa y desprecio por la brutalidad que supone el asesinato de nuestro profesor». Sin embargo, y a pesar de la clara condena al asesinato del profesor, los estudiantes también añadieron una alusión de condena a las detenciones, equiparándolas a la violencia de ETA: «La preocupación por la grave situación de violencia existente en el país con motivo de los constantes asesinatos y detenciones indiscriminadas que afectan directamente a alumnos de esta Facultad y hacen imposible una convivencia pacífica»17. Sorprende que se asumiera un planteamiento típico de la izquierda nacionalista radical, que declaraba ilegítima la persecución policial contra el terrorismo.
A mediodía de ese mismo 31 de octubre, unas quinientas personas se manifestaron silenciosamente en señal de protesta por el asesinato y por la violencia incesante en el País Vasco. Iba encabezada por varios profesores, entre otros Gregorio Monreal, presidente del pequeño partido socialdemócrata nacionalista ESEI y que más adelante sería rector de la UPV/EHU18. La manifestación partió de la Facultad, pasó por el domicilio de Doval, la sede de la UCD y la Diputación Foral, donde entregaron al diputado general tres comunicados suscritos por profesores, alumnos y PAS, respectivamente, en los que condenaban el atentado. El Departamento de Educación del Gobierno Vasco, por su parte, animó a la sociedad «a enfrentarse de forma nítida y rotunda a esta violencia que, además de avergonzarnos como pueblo, nos está destruyendo […]. Un ataque frontal a la libertad política y educacional del pueblo vasco»19.
Además de unirse a la manifestación en la ciudad, los profesores, alumnos y personal no docente de la Facultad se volcaron en sus demostraciones públicas de rechazo. Se situó la capilla ardiente en la misma Facultad de Derecho y portaron el féretro profesores y amigos. Una vez colocado, pasaron durante horas muchas personas que quisieron rendirle homenaje. Virginia Mayordomo, profesora de la UPV/EHU en la actualidad y estudiante de Derecho en aquel momento, recuerda bien a Doval y la reacción: «En la Universidad sí se respondió, estábamos todos muy apenados, sobre todo los de la Facultad de Derecho. Yo me acuerdo de muchísima gente manifestándose»20.
El 1 de noviembre, a las doce del mediodía, se celebró la misa funeral en el Paraninfo de la Facultad de Derecho, con la presencia de miles de personas y, en representación del Gobierno, el ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, el de Educación y Universidades, Luis González Seara, y el de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez, además de otras personalidades políticas de la UCD y del Gobierno Vasco, y algún exministro, como Antonio Fontán. La Junta de Gobierno de la UPV/EHU previó que también los días 5 y 6 de noviembre se celebraran concentraciones en los campus de Vizcaya y Álava, «suspendiéndose las clases exclusivamente en orden a la asistencia a dichos actos»21. Cabe destacar asimismo que en la esquela se hacía alusión a su profesión, pero no a su vinculación política: «Doctor en Derecho y profesor de la Facultad de Derecho de San Sebastián»22.
El 2 de noviembre, en San Sebastián, miles de personas (15.000 según Egin, 20.000 según ABC) salieron a manifestarse en contra de la violencia y en protesta por el asesinato del profesor. La marcha se inició a las doce del mediodía desde la catedral del Buen Pastor, encabezada por los dirigentes de los partidos que la apoyaban, así como de la viuda y familiares de Doval. Sin embargo, apenas iniciada la manifestación, un grupo se enfrentó a ellos al grito de «Gora ETA militar!», «¡PNV, traidores!» o «Policía asesina!». El enfrentamiento acabó siendo físico, se lanzaron piedras y hubo algunos heridos hasta que llegó la policía. Aunque algunos manifestantes se dispersaron, la mayoría se mantuvieron en pie, a pesar del miedo y de la violencia ejercida por quienes apoyaban a ETA. Fue tal el impacto de aquella manifestación que pareció un punto de inflexión en la relación entre la violencia terrorista y la respuesta ciudadana. De hecho, aunque por asesinatos anteriores se habían dado manifestaciones, esta fue la primera realmente multitudinaria contra ETA.
El 7 de noviembre se celebró un acto académico en la Facultad de Derecho en memoria del profesor en el que intervinieron varios compañeros de la Universidad, así como Pedro Etxenike, consejero de Educación del Gobierno Vasco, que en su intervención subrayó que le habían asesinado «en la puerta de su casa cuando se dirigía a trabajar en la Universidad del País Vasco y por lo tanto a prestar sus servicios a todo el pueblo vasco»23.
Aunque hoy día algunos no lo recuerden, en la UPV/EHU el impacto del asesinato de Doval fue evidente24. No era un atentado dirigido contra él por ser profesor universitario, pero por primera vez se sintió de cerca tanto el crimen como la responsabilidad en la respuesta. La Facultad de Derecho percibió el atentado como un ataque contra un miembro de su comunidad y contra el propio ente universitario. Hay que destacar que los profesores, el PAS y los alumnos de la Facultad de Derecho (pese al contrapunto introducido por estos en su comunicado) reaccionaron con gran firmeza contra el asesinato de Doval. Una reacción que tiene mucho mérito, teniendo en cuenta que se produjo en plenos «años de plomo», cuando la mayor parte de la sociedad callaba ante el terrorismo de ETA.
El 14 de febrero de 1996 fue asesinado en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) el jurista y expresidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente. Tenía 63 años y era natural de Valencia. Había estudiado Derecho en la universidad de su ciudad, donde también defendió la tesis doctoral en 1957, dando comienzo a una brillante carrera académica. Después de pasar por las universidades de La Laguna (Tenerife) y de Salamanca, obtuvo plaza en la UAM en 1980. Ese mismo año fue elegido magistrado del Tribunal Constitucional a propuesta del PSOE y seis años después fue elegido presidente del mismo órgano. Ocupó este cargo hasta 1992, cuando volvió a las aulas de la Autónoma de Madrid como catedrático de Historia del Derecho. Estaba casado y tenía cuatro hijos25. Es decir, que hacía cuatro años que se había incorporado a la cátedra cuando fue asesinado por Jon Bienzobas Arreche, alias Karaka, quien entró a su despacho y le disparó tres veces. Tomás y Valiente estaba a punto de acudir a un aula en el que le esperaban alumnos de primero para realizar un examen.
Entre los estudiantes que esperaban al profesor se encontraba Mercedes Rivas, quien afirma: «[El asesinato] fue brutal: duro para la familia, para sus amigos, pero también para sus alumnos. Era una eminencia por su trayectoria, pero, además, escucharle en clase era degustar el Derecho»26.
En general, los alumnos vivieron el suceso con estupor e indignación. ABC explicaba que algunos «rompieron a llorar al conocer el suceso, en medio de un clima de crispación y dolor incontenible»27, y también que se escucharon gritos de repulsa e insultos a los terroristas. Los rostros de seis de ellos, incluido el de Karaka, se encontraban en los tablones de toda la universidad desde hacía días, pues la policía estaba tras la pista del comando Madrid.
Tras su muerte, se instaló una capilla ardiente en la sede del Tribunal Constitucional, a la que acudieron políticos y juristas, pero en la que tampoco faltaron alumnos, profesores y personal de la Universidad. El 16 de febrero se celebró el funeral en la misma sede y después fue enterrado en El Pardo. Mientras, en el campus de la UAM, había comenzado una concentración de miles de estudiantes. Tal y como recogió ABC:
El acto más emotivo se celebró en el campus de la Universidad Autónoma, de la que Tomás y Valiente era catedrático. Ante la Facultad de Derecho, miles de estudiantes y profesores llegados de toda España se concentraron durante varias horas para rendir homenaje a la última víctima de la mafia etarra, que era especialmente querida y respetada por sus alumnos. Los estudiantes se pintaron las palmas de las manos de blanco para mostrar que no las tienen manchadas de sangre y lanzaron constantes gritos de «basta ya»28.
Ciertamente el asesinato de Francisco Tomás y Valiente suscitó una reacción sin precedentes, nacida e impulsada entre los estudiantes y secundada por toda la UAM a nivel institucional. Fue la iniciativa de unos alumnos sin más soporte que la espontaneidad y la indignación. Mercedes Rivas formaba parte de la Comisión de Estudiantes Independientes del Nuevo Plan (CEINP), una asociación creada en el curso 1994-1995 para defender los intereses de los alumnos de Derecho frente al cambio del plan de estudios, que había pasado de cinco a cuatro años. La CEINP lideró la indignación, sumándose a la protesta generalizada. Adrián González Lupini, que tenía 23 años, era estudiante de 4º y también miembro de la asociación ASUME, fue quien tuvo la idea de que había que pintarse las manos de blanco y hacer una manifestación al día siguiente29. Explicó a los medios que la iniciativa había surgido de repente y que, cuando vio la respuesta que había tenido entre los estudiantes, se echó a llorar: «Yo pensé que íbamos a estar los de siempre, jamás pude imaginar que mis compañeros respondieran tan bien»30. Para una entrevista que le hicieron los realizadores de la serie española Cuéntame, que querían recrear los hechos en uno de los capítulos, explicaba: «Al llegar, mis compañeros me contaron lo que había pasado y yo dije algo que no se me olvidará: Mañana, todos a las 12, delante de la facultad, a manifestarnos con las manos blancas. Me salió así»31. Los alumnos compraron la pintura blanca y se fueron pintando las manos unos a otros en silencio ya que para las miles de personas reunidas no tenían sentido las brochas que inicialmente habían comprado para pintarse: «Era muy lento porque había muchísima gente así que acabamos pintándonos las manos en cadena. Uno se pintaba las manos y pegaba las palmas a otro, y este a otro, y así una cadena impresionante…»32. Después esperaron durante una hora con las manos en alto a que llegara el decano, el catedrático Manuel Aragón Reyes y otras autoridades académicas, como los rectores de las cinco universidades públicas de Madrid, el rector de la Universidad de Sevilla, Juan Ramón Medina, que se encontraba ahí en representación de todos los rectores de España, y el secretario de Estado de Universidades, Enric Banda.
Uno de los alumnos leyó un comunicado que terminaba con las últimas palabras de un artículo que había escrito Tomás y Valiente y que había sido publicado en El País ese día: «Cada vez que matan a un hombre en la calle nos matan un poco a cada uno de nosotros». Al silencio le siguió el grito «¡basta ya!»33. Mercedes Rivas, por su parte, fue la encargada de leer el manifiesto de condena:
No les importa asesinar en una universidad, máxima representación de los derechos constitucionales, de libertad de expresión y opinión. Pero hay algo más grande, algo que nunca podrán matar. En palabras de Tomás y Valiente la memoria es lo único que nos queda a las personas y es el ejemplo que nuestro profesor nos ha enseñado. Fue, ante todo, sobre todo amigo, un demócrata, una buena persona que nos dice, desde donde esté, que hay que seguir luchando por construir un mundo más justo34.
Al terminar su intervención, miles de manos blancas –había más de seis mil personas según El País–, aplaudieron y alzaron sus palmas al grito de «¡basta ya!» y «ETA asesina». Estaba naciendo un distintivo que se haría crucial tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco como símbolo de protesta frente al terrorismo. Este mismo periódico recogió con elocuencia el resumen de la jornada: «La Autónoma entera se agitó en un largo silencio»35. Otra alumna afirmaba: «Nosotros con las manos pintadas de blanco queremos simbolizar la paz y que estos actos nos afectan, pero no nos acobardan ni nos intimidan. Al contrario, nos hacen fuertes»36.
La protesta, además, se trasladó a otras universidades españolas, entre ellas la del País Vasco, pues los estudiantes de la Autónoma invitaban a todos a hacer lo mismo que ellos: «Todos los jóvenes de España debemos unirnos frente al terrorismo. No solo los universitarios sino todos unidos. Todos unidos porque si quieren destruir al Estado no lo van a conseguir. Porque el Estado es el pueblo y el pueblo está en contra del terrorismo. Entonces jamás lo van a conseguir. Nunca»37.
La Universidad cerró sus aulas en señal de duelo, y los campus madrileños se llenaron de lazos azules. Apenas unas horas después del asesinato, numerosas universidades se hicieron eco del rechazo al atentado. El rectorado y la Facultad de Derecho de la Autónoma expresaron en una nota su «enérgica indignación y profunda tristeza por este acto criminal que atenta contra la institución universitaria y los valores que informan el Estado democrático y de Derecho, que de forma tan significada ha defendido y representado el profesor, doctor Francisco Tomás y Valiente»38.
El atentado contra Tomás y Valiente fue percibido como un ataque contra la institución universitaria, con una contundencia que no se había conocido anteriormente39. Como dijo en su comunicado la Secretaría de Estado, presidida por el ministro Jerónimo Saavedra, «los mismos fascistas, profesionales del terror, han vuelto a la Universidad española para asesinar a sangre fría a uno de sus más notables profesores»40. Manuel Aragón Reyes tituló la nota que escribió para El País: «Muerte en las aulas». Aragón afirmó que Francisco Tomás y Valiente había sido asesinado «en acto de servicio: al servicio de lo que siempre estuvo: de la Universidad, del Derecho, del Estado de Derecho»41. Días después declaró, en referencia a la iniciativa de los estudiantes, que era «el mejor símbolo de repulsa que han podido idear los alumnos contra la violencia, contra la antidemocracia. El mejor apoyo a todo lo que simbolizaba Paco. La universidad tiene que seguir su ejemplo»42.
Las manifestaciones se extendieron por España. Por ejemplo, en Salamanca, donde el catedrático había sido profesor, más de diez mil personas salieron a la plaza mayor y el rector, Ignacio Berdugo Gómez de la Torre, hizo unas declaraciones para condenar el asesinato43. En Barcelona se concentraron 600 profesores, al tiempo que la decana de la Facultad de Derecho anunciaba que una de las nuevas zonas de la universidad llevaría el nombre del profesor asesinado. En Burgos más de 500 alumnos se manifestaron frente al emblemático edificio que alberga la Facultad de Derecho y el rectorado para mostrar su repulsa. En Castellón también guardaron cinco minutos de silencio, así como en Valencia, Murcia o La Rioja44.
La Universidad Pública de Navarra (UPNA) declaró dos días de luto y los profesores de Derecho hicieron pública una nota de condena al atentado. La Universidad de Navarra convocó dos minutos de silencio frente a la Facultad de Derecho. En su comunicado, el decano de esta Facultad declaró que el asesinato sumió «a la entera institución universitaria en la aflicción»45. En San Sebastián, sede de la Facultad de Derecho de la UPV/EHU, estudiantes, PAS y profesores se concentraron frente al campus de Ibaeta. El decano, Javier Ezkiaga, y el alcalde, Odón Elorza, portaban una bandera de la ciudad con crespón negro46.
Merece la pena detenerse en otras reacciones que surgieron en la UPV/EHU. Por una parte hubo una recogida de firmas emprendida por tres profesores de esa institución: José Manuel Barandiarán, de la Facultad de Ciencias de Bilbao; Álvaro Moreno Bergaretxe, de la de Filosofía de San Sebastián; y Henrike Knörr, de Filología en Vitoria. Las firmas eran para condenar «los crímenes de ETA y sus cómplices», así como «las actitudes fascistas y sectarias de HB como incompatibles con la convivencia humana y la civilización»47. El comunicado lo firmaron 1.280 profesores de todas las universidades del País Vasco y Navarra (UPV/EHU, UPNA, Deusto y Navarra, además de los centros asociados de la UNED en las dos comunidades). Además, fue presentado públicamente en un homenaje multitudinario que se celebró en la UAM el 15 de marzo en memoria de Tomás y Valiente.
Por otro lado, el 25 de marzo, y a iniciativa de algunos profesores de la UPV/EHU, como Javier Fernández Sebastián o José María Portillo, se organizó un homenaje a Tomás y Valiente en la sede de esta universidad. El rector, Pello Salaburu, señaló el simbolismo que guardaba el que ese acto se organizara en esta institución:
A nadie se le oculta la carga simbólica de que sea precisamente nuestra Universidad del País Vasco la organizadora y anfitriona de este acto (al fin y al cabo, para oprobio nuestro, de esta tierra salieron sus viles e indignos asesinos, y aquí viven todavía sus cómplices y encubridores). Sería pues una especie de desagravio que nos debemos a nosotros mismos, la contribución de nuestra Universidad a lavar la lúgubre imagen de barbarie, fanatismo e inhumanidad que un sector minoritario del País Vasco se empeña en proyectar48.
A pesar de la presencia de numerosos representantes de universidades españolas, no faltaron los boicots y destrozos al acto. Se puso de manifiesto de nuevo el contraste entre las manos de quienes apoyaban a ETA en la universidad vasca, utilizándolas para agredir a quienes protestaban por el asesinato del catedrático de la UAM, y las miles de manos blancas que habían protestado por su asesinato unas semanas antes.
En definitiva, el asesinato del profesor despertó no solo rechazo, sino también iniciativas distintas, algo que no había ocurrido con anterioridad de forma tan rápida. Asimismo, es indiscutible el valor que tuvo el movimiento Manos Blancas como punto de inflexión de la reacción universitaria contra la organización terrorista.
El secretario general del PSE-EE en la Álava, Fernando Buesa Blanco, y su escolta, el ertzaina Jorge Díez Elorza, que apenas llevaba unas semanas protegiendo al político, fueron asesinados el 22 de febrero de 2000, víspera tanto del inicio de campaña de las elecciones generales como de la votación a rector en la universidad vasca. El crimen fue organizado por el comando Ituren, que tenía por objetivo atentar contra políticos o personas relevantes del mundo social. Según la sentencia, habían decidido hacía tiempo que su víctima iba a ser Buesa, y llevaban más de un mes realizando un seguimiento por el que se dieron cuenta de que, para llegar a la sede del PSE, recorría con frecuencia la calle Aguirre Miramón de Vitoria, en las inmediaciones del campus de la UPV/EHU49.
El mismo día del atentado, un grupo de universitarios se había concentrado por la mañana en el campus para protestar por las pintadas contra el director de la Escuela de Ingeniería, Luis Camarero. En las imágenes sobre lo ocurrido que publicaron los periódicos se veía ya el vehículo de uno de los terroristas, Asier Carrera Arenzana. Lo retiró después para que su compañero, Diego Ugarte López de Arcaute, junto a Luis Mariñelarena Garciandia, aparcara una furgoneta blanca Renault Express, robada en marzo de 1999 en Tolosa, que en la trasera llevaba un recipiente con veinte kilos de explosivos. Estalló poco después de las 16:30 de la tarde, en la calle mencionada, junto al aulario del campus (edificio Las Nieves), cuando Buesa y su escolta pasaban por ahí tras haber dejado a Carlos, hijo del primero, en el Colegio de Ingenieros. Según Javier Ugarte, «las labores de ‘vigilancia’ del lugar por parte de ETA las había cubierto un estudiante de la Universidad»50.
Asier Carrera accionó el mando de radiofrecuencia y alcanzó de lleno a Buesa, de 53 años, y a Díez, de 26. El primero murió en el acto; el segundo, minutos después. Además, sufrieron heridas de diversa consideración dos mujeres que pasaban por la zona, pues los terroristas hicieron explotar el artefacto sin tener en cuenta quiénes podían estar por el campus. También ocasionaron daños en cuatro viviendas particulares, en el Colegio de Ingenieros, en un centro de enseñanza, en el aulario y en varios vehículos. La víctima había aparecido en papeles de ETA tras la detención del comando Araba, en noviembre de 1995, así como en los del comando Jabalí, interceptado unos meses antes de este atentado51.
Fernando Buesa estaba casado y tenía tres hijos. Había nacido en Bilbao el 29 de mayo de 1949 y desarrollado su carrera en Vitoria, de donde procedía su familia. Licenciado en Derecho, era diputado en la cámara vasca desde 1984. Fue concejal de la capital y ocupó el cargo de diputado general de Álava. Su puesto más relevante políticamente, y el que le dio mayor notoriedad, fue el de vicelehendakari (vicepresidente) y consejero de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno Vasco durante el mandato de Ardanza entre 1990 y 1994, en un ejecutivo de coalición con el PNV. En el momento del asesinato era líder del grupo socialista en Álava y portavoz del grupo parlamentario PSE-EE en el Parlamento Vasco52.
Era uno de los políticos más destacados del panorama vasco. Apenas cuatro días antes había sacado adelante, con los votos de su partido y del PP, IU y Unidad Alavesa, una proposición no de ley en la cámara vasca contra la violencia callejera, en respuesta a los 1.274 ataques perpetrados desde septiembre de 199853. Sus últimas palabras en el Parlamento fueron sobre este tema: «Dejen de mirar tanto y con tantos paños calientes a su suspendido socio parlamentario [Euskal Herritarrok, EH], y vuelquen su atención en las ciudadanas y ciudadanos de este país que sufren los ataques y carecen de seguridad y libertad»54. Al día siguiente participó en una multitudinaria manifestación contra ETA, convocada por Basta Ya.
Por la ubicación de la bomba, junto al aulario de la UPV/EHU, la Escuela de Ingeniería y dos institutos de secundaria, el atentado podría haber sido una tragedia mucho mayor, pues era una zona frecuentada por muchos estudiantes. El estruendo se oyó desde cualquier punto del centro de la ciudad, incluido el edificio de la Lehendakaritza, donde Josu Jon Imaz, portavoz del ejecutivo, acababa de empezar una rueda de prensa, que se suspendió ante la evidencia de que acababa de explotar una bomba. Al estar tan cerca, tanto el dispositivo policial como la prensa estuvieron en el lugar de los hechos enseguida. No así el presidente del Gobierno Vasco, Juan José Ibarretxe, que no se personó en el lugar del atentado, según su gabinete, por razones de seguridad55.
Dado que las elecciones generales estaban convocadas para el 12 de marzo, todos los actos de la precampaña se suspendieron. Cinco horas después del atentado el lehendakari anunció que su ejecutivo había decidido romper «a todos los efectos» el pacto parlamentario que mantenía con EH, aunque Buesa y su escolta eran la segunda y tercera víctimas desde la ruptura de la tregua56. A las puertas de Ajuria Enea se concentraron unas 300 personas pidiendo la dimisión de Ibarretxe, al igual que antes lo habían hecho varios miles en la plaza de Correos, gritando contra «los fascistas de HB»57.
El Ayuntamiento de Vitoria y el Gobierno Vasco decretaron tres días de luto, y la Diputación, una semana, además de la concesión a Buesa de la Medalla de Álava. Todos los partidos políticos expresaron su condena, salvo EH, que ni acudió al acto que se hizo en honor de Fernando Buesa en el Parlamento, ni condenó el atentado, lamentándose únicamente de que hubieran muerto esas dos personas y apelando a la responsabilidad política. Por su parte, el lehendakari condenó el atentado e hizo un llamamiento para manifestarse el día 26 de febrero bajo el lema «Bakea behar dugu. ETA gelditu» (Necesitamos la paz. ETA para)58.
Por su parte, la Universidad del País Vasco declaró el día de luto y la suspensión de todas las actividades académicas, incluida la elección del rector. El rector saliente, Pello Salaburu, en nombre de la institución, expresó «su más enérgica condena, su repulsa absoluta por el asesinato terrorista que ha segado la vida de dos ciudadanos vascos», y transmitió sus condolencias «a los familiares de los fallecidos, a toda la sociedad y, especialmente, a toda la familia socialista»59. En palabras del profesor Antonio Rivera:
el asesinato de Buesa no es que fuera un cambio, fue superlativo. Era el summum de a lo que se podía llegar. No solo por el asesinato, sino por haber sido en el campus, y que la explosión fuera junto a la Escuela de Ingenieros y afectara a una parte del edificio de Las Nieves… Para los universitarios fue un impacto, hubiese sido Buesa o cualquier otra persona asesinada en el campus60.
En el 25 aniversario del crimen, la que había sido entonces viceconsejera de Educación y colega parlamentaria de Buesa, Isabel Celaá, declaraba a eldiario.es: «Aquel asesinato, desde una perspectiva social, fue una grandísima conmoción. La pérdida fue inmensa»61.
Para el también profesor de la UPV/EHU Antonio Duplá, el asesinato de Buesa supuso un punto de inflexión importante para empezar a condenar sin paliativos a ETA. Para él, incluso «desde los términos del mundo abertzale y nacionalista de construcción del país y construcción nacional» –y en su caso mezclado con la ideología de izquierdas– Buesa podía ser valorado «en términos positivos» por todo lo que había hecho a favor de la Educación pública, por ejemplo. Sin embargo, «como estaba en el PSOE… de alguna manera eso ya les colocaba». Duplá afirma que el que ETA empezara a matar «a gente mucho más conocida en vez de a cuatro guardias civiles más o menos anónimos, que es muy terrible según cómo lo mires, pero te hacía más consciente de lo que estaba pasando, tenía un impacto mucho mayor». Gente como Fernando Buesa:
Con nombres y apellidos, el ponerles cara, te lo acerca mucho más. Por la cercanía pero quizá también, lo cual en sí mismo es cuestionable, por la serie de víctimas de líderes políticos muy significados del año 2000. Líderes como el propio Buesa, como Lluch, que entonces sí que te hacía ver el delirio, el sinsentido. “¿Matas a esta gente?” Lo cual ya digo que es cuestionable porque matar a los otros, ¿no era tan discutible? Bueno, pero esas eran nuestras coordenadas. Y esto fue el aldabonazo para decir en qué sinsentido estamos, a estos hay que pararlos, esto es una locura […]. Es un poco terrible pero funcionábamos así. Y creo que eso también fue en contra de ETA y de la justificación permanente de la izquierda abertzale porque tenían que hacer encaje de bolillos para intentar buscar cierta racionalidad a lo que hacían, aunque quizá la tenían, una racionalidad perversa, ese es el tema, pero en cualquier caso no resultaba aceptable para mucha gente62.
Las muestras de apoyo por el asesinato de Buesa y Díez fueron innumerables, y también se dieron entre el alumnado. Horas después el lugar del atentado estaba repleto de cientos de mensajes de condena colocados por los estudiantes. Además, se convocó a todas las universidades españolas a hacer un parón a las doce del mediodía del día siguiente, en señal de condena. En la de Deusto, donde había estudiado una de las hijas de Buesa, Marta, y donde en ese momento era alumna de Psicología Sara, la pequeña, se organizó un acto de condena en el que el rector, José María Ábrego, «resaltó la necesidad de un rearme moral de la sociedad vasca». Hubo una concentración de Gesto por la Paz y los alumnos de Psicología hicieron un paro académico para mostrar su solidaridad. Asimismo, el rector publicó una nota en el periódico condenando el atentado unos días después63. En la Universidad de Navarra también hubo concentración, de unos seiscientos alumnos, tras la pancarta «Jóvenes por la libertad»64.
Hubo asimismo una concentración en la UPV/EHU, aunque esto ya no era una novedad, pues se había convertido en algo habitual en el panorama universitario vasconavarro, no solo ante acciones en el ámbito académico, sino contra cualquier tipo de atentado. Sucedía lo mismo en protesta por la violencia callejera, tal y como pasó en marzo de 2000, cuando la Universidad del País Vasco condenó institucionalmente los actos violentos que se estaban viviendo en Leioa, localidad en la que se encuentra parte del campus de Vizcaya65.
También en la UPNA, donde Carlos Buesa había estudiado Ingeniería, se concentraron por primera vez más de mil estudiantes. El rector, Antonio Pérez Prados, dirigió una carta al hijo del dirigente asesinado y la Junta de Gobierno publicó un comunicado manifestando que los valores de la institución se encontraban «de luto» y mostrando su «contundente rechazo hacia aquellos que, ya sea con su actitud comprensiva o actuación violenta, los conculcan de forma sistemática». Como recogió Diario de Navarra, «nunca había habido una concentración tan numerosa en el campus para exigir a los terroristas que dejen de matar»66. Sin embargo, los grupos de la izquierda nacionalista radical, como el sindicato de estudiantes Ikasle Abertzaleak (IA) siguieron sin dar su brazo a torcer. Por ejemplo, en la UPNA, el día de la concentración para condenar el asesinato de Buesa y Díez Elorza, cinco estudiantes «cercanos a IA» quisieron impedir que las autoridades pudieran acudir a la concentración, encadenándose a las puertas del rectorado con aquellas dentro. Formaban parte de un grupo de cuarenta jóvenes que habían llegado veinte minutos antes de las doce con la pancarta «Por una universidad democrática, euskaldun y asociativa»67. Rectorado tuvo que llamar a la Policía Nacional para que rompiera las cadenas. Al final fueron detenidos nueve jóvenes por insultos, oposición a la autoridad y amenazas.
Las manifestaciones en las universidades contrastaron con lo que sucedió en la organizada en Vitoria para condenar el doble asesinato, donde se escenificó la enorme brecha que se había abierto entre los nacionalistas vascos, agrupados en torno a Ibarretxe, y los constitucionalistas. La impresión generalizada fue que hubo tres concentraciones ocupando el mismo espacio: a un lado la de los familiares de las víctimas, secundada por los partidos socialista, PP y Unidad Alavesa; al otro los convocados por el lehendakari; y en medio de ellos los de Gesto por la paz, con cuya presencia evitaron la posibilidad de que se llegara a la violencia entre unos y otros68.
En cualquier caso, puede decirse que al menos parte de la comunidad universitaria reaccionó ante el atentado contra una persona que había tenido una fuerte vinculación con la UPV/EHU y que, además, había sido asesinado en las inmediaciones del campus, lo que podía haber provocado una tragedia todavía mayor.
En un congreso organizado en Pamplona en septiembre de 2022, ante una conferencia que impartí sobre la reacción de la sociedad navarra ante los atentados de ETA contra la Universidad de Navarra, Víctor Manuel Arbeloa, senador por el PSOE entre 1979 y 1986 y miembro del Parlamento Foral de Navarra entre 1979 y 1983, intervino para decir que él creía que la reacción había sido pobre, que se habían limitado simplemente a manifestarse y que tenían que haber hecho mucho más. Curiosamente, en mi ponencia, y sin saber que Arbeloa estaba en el público, había destacado la reacción de este político y citado unas palabras suyas ante uno de los múltiples atentados que ha sufrido la Universidad de Navarra en su historia (dos de ellos en 1980 y 1981).
Existe ciertamente la impresión en el imaginario colectivo (y académico también) de que la sociedad estuvo silenciada durante décadas y de que no hubo ningún tipo de reacción contra el terrorismo. Por ejemplo, Fernando Savater en sus memorias afirma que él solía atenerse al programa de clases establecido en la Facultad de Filosofía en Zorroaga (UPV/EHU), pero que en sus artículos y charlas fuera de la universidad comentaba la actualidad y se mostraba crítico con la violencia terrorista. Según él,
a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta esta actitud no era ni mucho menos tan frecuente como ha llegado a serlo luego, sobre todo entre la gente de izquierda (que solían repartirse entre los que ‘comprendían aun sin aprobar’ la dinámica de ETA y los que ‘comprendían aun sin aprobar’ la respuesta de los GAL). En nuestra facultad, ser un profesor ‘majo’ consistía en guardar silencio o limitarse a menear la cabeza con reproche ante los atentados de ETA, pero condenar en voz alta vivamente las torturas, abusos policiales y la actividad de los paramilitares69.
Si bien es cierto que en este artículo no ha podido abordarse esta realidad, la de una UPV/EHU que siempre parecía «ocupada» y acobardada a ojos propios y ajenos, y que vivía, como la mayoría del País Vasco y de Navarra, inmersa en una espiral del silencio, creo que puede decirse que la universidad fue precursora en la expresión pública del duelo y, en consecuencia, en movimientos de resistencia cívica frente a ETA, al menos cuando se veía afectada directamente por la violencia.
La impresión de Savater tiene un fundamento sólido en la realidad –y puede afirmarse que tanto la sociedad como la universidad podían haber dado una respuesta mucho más determinante y decisiva contra ETA–, pero al mismo tiempo puede decirse, al término de este breve artículo, que convivieron con esa espiral de silencio muestras –a veces pequeñas, otras más evidentes– de contundencia y rechazo explícito y valiente ante la violencia terrorista. También que esas demostraciones de condena pueden entenderse como una manifestación pública del dolor y, en definitiva, del duelo ante la muerte de una persona. Habitualmente el duelo es por alguien que uno conoce personalmente: un familiar, un amigo… Sin embargo, no ocurre lo mismo ante las víctimas del terrorismo. En su caso, como se ha mencionado, por la carga simbólica de la muerte –porque son ellos, pero en nombre del Estado, de la democracia, de la libertad; porque son ellos, pero podría haber sido otro, o uno mismo–, el dolor traspasa las barreras de la familiaridad y del trato personal. El duelo entendido como tristeza, pena, desconsuelo, luto… no depende de lo que se conoce sino de lo que se tiene en común y de lo que ha provocado su muerte. En el caso de las mencionadas en este artículo, tanto de Doval como de Tomás y Valiente y de Buesa, había un vínculo entre ellas y la academia por los cargos que habían desempeñado en la UPV/EHU, en la Autónoma y en el Gobierno Vasco respectivamente. Y la comunidad universitaria reaccionó –al menos en parte y de forma notoria–, a sus muertes los hubieran conocido o no personalmente.
Teniendo en cuenta que la muestra escogida son tres asesinatos y no todos los que ETA cometió (ni en general ni contra la comunidad universitaria en particular), puede concluirse que, al menos cuando ETA atacó a alguien vinculado a la universidad, hubo un duelo tanto personal como institucional. Este se reflejó en manifestaciones y concentraciones de protesta, en la asistencia a la capilla ardiente o en la organización de funerales con gran afluencia por parte de la comunidad universitaria –en el caso de Doval incluso en la propia Universidad– como incluso en la creación de símbolos, como es el caso de las manos blancas surgidas a raíz del asesinato de Francisco Tomás y Valiente en la Autónoma de Madrid. Y esto en fechas tan tempranas como 1980, en plenos años de plomo, o antes de la movilización social masiva que supuso el asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997.
Es cierto que se podría haber exigido a la universidad tanto una reacción contra otro tipo de atentados como el haberse convertido en punta de lanza en la reacción de la sociedad contra ETA. Pero, a la vez, se puede concluir que al menos hubo momentos de lucidez en medio de la falta de reacción que imperaba en general. Esas reacciones no tenían la fuerza y el empuje suficiente y necesario para generar un cambio en toda la sociedad, pero tampoco pueden olvidarse y son parte del recorrido de respuesta que la sociedad fue dando a lo largo de los años contra ETA. Además, no se puede obviar que tanto en el caso de las manifestaciones a favor de Doval en 1980 como en el acto organizado para Tomás y Valiente en 1997 en la UPV/EHU, hubo boicots y protestas por personas afines a ETA, lo que señala también la presión y dificultades a las que se enfrentaban aquellos que decidían romper el silencio.
En definitiva, se puede decir que la universidad vivió su duelo particular –en las personas e institucionalmente– frente a los ataques que ETA cometía contra miembros de su comunidad y que, a pesar de las deficiencias, supo reaccionar condenando los atentados, convocando manifestaciones y solidarizándose con las familias.
[1] La justicia restaurativa es una metodología que involucra a víctimas y victimarios que de forma voluntaria desean participar en ese tipo de proceso. Surge de la convicción de que un comportamiento delictivo viola tanto la ley como a la víctima y a la sociedad. No tiene una finalidad penal ni la obtención de beneficios para el presidiario. Puede verse Gema VARONA MARTÍNEZ, Justicia restaurativa desde la Criminología: Mapas para un viaje inicial, Madrid, Dykinson, 2020.
[1] La justicia restaurativa es una metodología que involucra a víctimas y victimarios que de forma voluntaria desean participar en ese tipo de proceso. Surge de la convicción de que un comportamiento delictivo viola tanto la ley como a la víctima y a la sociedad. No tiene una finalidad penal ni la obtención de beneficios para el presidiario. Puede verse Gema VARONA MARTÍNEZ, Justicia restaurativa desde la Criminología: Mapas para un viaje inicial, Madrid, Dykinson, 2020.
[2] Hannah ARENDT, Eichmann en Jerusalén, Barcelona, Debolsillo, 2015, p. 402.
[3] Relatos de plomo, Navarra Televisión, min. 17:09-17:43. Este documental puede visualizarse en YouTube.
[4] Manuel REYES MATE, Justicia de las víctimas. Terrorismo, memoria, reconciliación, Barcelona, Anthropos, 2008, pp. 17-18.
[5] Irene MORENO BIBILONI, Gestos frente al miedo. Manifestaciones contra el terrorismo en el País Vasco (1975-2013), Madrid, Tecnos, 2019, p. 61-98.
[6] https://glosariovt.com/glosario-vt/duelo/#toggle-id-1. Consultado el 20 de junio de 2025.
[7] Imanol ZUBERO, “Ética y sociedad del País Vasco”, Razón y fe, abril 2008, p. 265-276.
[8] El Mundo, 19 de octubre de 2023, https://www.elmundo.es/espana/2023/10/18/65300b98fdddff136c8b457e.html, consultado el 26 de junio de 2025.
[9] Gorka ANGULO, La persecución de ETA a la derecha vasca, Córdoba, Almuzara, 2018, p. 247.
[10] Larrañaga fue asesinado el 1 de enero de 1985.
[11] El Mundo, 19 de octubre de 2023, https://www.elmundo.es/espana/2023/10/18/65300b98fdddff136c8b457e.html, consultado el 26 de junio de 2025.
[12] Sentencia de la Audiencia Nacional nº 85/82, 13 de julio de 1982, p. 1. El Diario Vasco, 1 de noviembre de 1980, p. 3.
[13] El Diario Vasco, 1 de noviembre de 1980, p. 4. El Batallón Vasco Español fue un grupo terrorista de extrema derecha que empezó a operar en junio de 1975 y desapareció en 1981.
[14] Ibid., p. 4.
[15] Egin, 1 de noviembre de 1980, p. 3.
[16] Libro de actas del claustro de la UPV/EHU, 1980, 31 de octubre de 1980, p. 1 y 2.
[17] Egin, 1 de noviembre de 1980, p. 3.
[18] El Diario Vasco, 1 de noviembre de 1980, portada y p. 3.
[19] Ibid., p. 4.
[20] Entrevista realizada a Virginia Mayordomo el 17 de septiembre de 2021 en Obanos (Navarra).
[21] Diario de Navarra, 2 de noviembre de 1980, p. 6.
[22] ABC, 4 de noviembre de 1980, p. 95.
[23] Diario de Navarra, 7 de noviembre de 1980, p. 6.
[24] Por ejemplo, Fernando Savater en sus memorias afirma: «Por supuesto la universidad no cerró sus puertas ni suspendió sus clases. Hubiera sido pedir demasiado» (véase Fernando SAVATER, Mira por dónde: autobiografía razonada, Madrid, Taurus, 2003, p. 304).
[25] El Correo Español-El Pueblo Vasco, 15 de febrero de 1996, p. 21. Véase también VV. AA., Francisco Tomás y Valiente: memoria y legado de un maestro, Salamanca, Universidad de Salamanca, 2016.
[26] Entrevista realizada a Mercedes Rivas por teléfono el 24 de agosto de 2023.
[27] ABC, 15 de febrero de 1992, p. 26.
[28] ABC, 16 de febrero de 1996, p. 5.
[29] https://www.rtve.es/television/20231102/cuentame-manos-blanca-eta-alejandro-gonzalez/2459776.shtml, consultado el 26 de junio de 2025.
[30] El País, 17 de febrero de 1996.
[31] https://www.rtve.es/television/20231102/cuentame-manos-blanca-eta-alejandro-gonzalez/2459776.shtml, consultado el 26 de junio de 2025.
[32] Ibid.
[33] El País, 16 de febrero de 1996, portada. Véase Carlos MARTÍNEZ GORRIARÁN, Movimientos cívicos: de la calle al Parlamento, Madrid, Turpial, 2007, p. 148.
[34] Informe Semanal, RTVE, 17 de febrero de 1996, min. 3:20-3:52.
[35] El País, 15 de febrero de 1996, p. 15.
[36] Informe Semanal, RTVE, 17 de febrero de 1996, min. 14:59-15:12.
[37] Ibid., min. 15:28-15:44.
[38] Diario de Navarra, 15 de febrero de 1996, p. 8 y ABC, 15 de febrero de 1996, p. 29.
[39] Un estudio exhaustivo sobre la reacción de la institución universitaria ante ETA puede verse en Ana ESCAURIAZA ESCUDERO, Violencia, silencio y resistencia. ETA y la Universidad (1959-2011), Madrid, Tecnos, 2022.
[40] Egin, 15 de febrero de 1996, p. 4. En 1992 ETA había matado a Manuel Broseta en la Universidad de Valencia.
[41] El País, 15 de febrero de 1996, p. 17.
[42] El País, 20 de febrero de 1996, p. 15.
[43] Diario de Navarra, 15 de febrero de 1996, p. 8.
[44] El País, 27 de febrero de 1996, p. 12.
[45] Diario de Navarra, 15 de febrero de 1996, p. 29.
[46] ABC, 16 de febrero de 1996, p. 39.
[47] Diario de Navarra, 22 de marzo de 1996, p. 5. Herri Batasuna (HB, Unidad Popular), fue un partido del País Vasco, brazo político de ETA.
[48] Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, donación de Javier Fernández Sebastián.
[49] Sentencia de la Audiencia Nacional nº 54/2005, 26 de diciembre de 2005, p. 7.
[50] Javier UGARTE TELLERÍA, «El país dividido: entre Ermua y Lizarra, 1998-2005», en Juan Pablo FUSI y José Antonio PÉREZ PÉREZ (eds.), Euskadi 1960-2011: dictadura, transición y democracia, Madrid, Biblioteca Nueva, 2017, p. 269.
[51] ABC, 23 de febrero de 2000, p. 18.
[52] Antonio RIVERA y Eduardo MATEO, Fernando Buesa, una biografía política. No vale la pena matar ni morir, Madrid, Los libros de la Catarata, 2010, p. 24-37.
[53] ABC, 23 de febrero de 2000, p. 20.
[54] El Correo Español-El Pueblo Vasco, 16 de febrero de 2020, p. 6.
[55] El Correo Español-El Pueblo Vasco, 16 de febrero de 2020, p. 6.
[56] ETA declaró una tregua entre el 16 de septiembre de 1998 y el 3 de diciembre de 1999.
[57] El País, 23 de febrero de 2000, https://elpais.com/diario/2000/02/23/espana/951260437_850215.html, consultado el 26 de junio de 2025.
[58] ABC, 23 de febrero de 2000, p. 23.
[59] Deia, 23 de febrero de 2000, p. 9.
[60] Entrevista realizada a Antonio Rivera el 26 de marzo de 2021 en Vitoria.
[61] https://www.eldiario.es/euskadi/fernando-buesa-25-aniversario-magnicidio-eta-sacudio-convivencia-euskadi_1_12057043.html.
[62] Entrevista realizada a Antonio Duplá el 1 de octubre de 2021 en Vitoria.
[63] Deia, 24 de febrero de 2000, p. 22.
[64] Diario de Navarra, 24 de febrero de 2000, p. 30.
[65] Diario de Navarra, 1 de marzo de 2000, p. 6.
[66] Diario de Navarra, 24 de febrero de 2000, p. 30.
[67] Diario de Navarra, 25 de febrero de 2000, p. 29.
[68] Véase José Antonio PÉREZ PÉREZ (coord.), Historia y memoria del terrorismo en el País Vasco 1995-2011 (tomo III), Almeria, Editorial Confluencias, 2022, p. 262.
[69] Fernando SAVATER, Mira por dónde: autobiografía razonada, Madrid, Taurus, 2003, p. 303.
Resumen
ETA ha sido la organización terrorista más letal en España. Durante sus casi 50 años de trayectoria (1959-2011) mató a 853 personas, provocó 2.632 heridos, realizó 86 secuestros y obligó a vivir con guardaespaldas o a huir del País Vasco y de Navarra a cientos de personas. En definitiva, dejó un saldo incalculable de damnificados por amenazas, miedo, extorsión, secuelas psicológicas, etc. Ante este balance, la sociedad vivió durante muchos años sometida a una espiral del silencio que fue venciendo con el paso del tiempo. ¿Qué ocurrió con la institución universitaria? ¿En qué medida se vio afectada y cómo reaccionó? Ante el duelo social en general, cabe preguntarse por el duelo particular que vivió la academia ante los casos en los que se vio directamente atacada.
Résumé
L’ETA a été l’organisation terroriste la plus meurtrière en Espagne. Au cours de ses près de cinquante années d’activité (1959-2011), elle a assassiné 853 personnes, fait 2 632 blessés, mené 86 enlèvements, et contraint des centaines de personnes à vivre sous protection rapprochée ou à fuir le Pays basque et la Navarre. En définitive, elle laisse derrière elle un nombre incalculable de victimes touchées par les menaces, la peur, l’extorsion, les séquelles psychologiques, etc. Face à ce lourd bilan, la société a longtemps vécu sous une spirale du silence, qu’elle n’a commencé à briser qu’avec le temps. Qu’en est-il de l’institution universitaire ? Dans quelle mesure a-t-elle été touchée, et comment a-t-elle réagi ? Face au deuil social en général, il convient de s’interroger sur le deuil particulier qu’a vécu le monde universitaire dans les cas où il a été directement attaqué.
Ana ESCAURIAZA ESCUDERO
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